¿Qué es el sistema inmune?


El sistema inmune está formado por un entramado complejo de órganos encargados de proteger el organismo de las substancias ajenas a las cuales destruye. El sistema inmune protege al organismo de las enfermedades causadas por parásitos y agentes infecciosos (hongos, virus, bacterias) del exterior o del propio organismo. Los seres humanos, como el resto de vertebrados, poseen la capacidad de reconocer los antígenos, que son substancias -proteínas o hidratos de carbono- que el sistema inmunológico considera como externos reaccionando contra ellos y destruyéndolos.
Esta capacidad se denomina inmunidad adaptativa. Además el sistema inmunológico posee también lo que se llama memoria inmunológica que consiste en la capacidad de elaborar un sistema defensivo más fuerte en contra de los antígenos con los cuales una vez se puso en contacto. Así cuando el sistema defensivo se vuelve a enfrentar con un microorganismo conocido tiene más capacidad de eliminarlo. Tener un sistema inmune más potente es la mejor garantía para no sucumbir a las enfermedades.
ALIMENTOS PARA AUMENTAR LAS DEFENSAS
Cuando las defensas pueden verse mermadas nada mejor que ofrecer al cuerpo una buena cantidad de vitaminas como la A, C y E, y de minerales como el hierro, el zinc, el selenio y el cobre. Una alimentación rica en las vitaminas siguientes aumenta las defensas del organismo y previene la aparición de infecciones:
VITAMINAS

Vitaminas del grupo B: pueden obtenerse de los cereales integrales (trigo, avena, cebada, etc.) frutos secos (avellanas, almendras, nueces) verduras (las coles, la coliflores, las espinacas, los rábanos, la endibia, los rábanos, las lechugas...) levadura de cerveza, etc. También se han observado alteraciones en las funciones del sistema inmune como consecuencia de una deficiencia de vitaminas del grupo B debido a una disminución en la producción de anticuerpos.
Vitamina A: En el caso de la vitamina A, ésta representa un papel muy importante en la defensa frente a las infecciones y en el buen mantenimiento de las mucosas. Se ha observado que una deficiencia de esta vitamina provoca alteraciones en el número de linfocitos (células responsables de la respuesta inmunitaria), así como una disminución de la respuesta inmune, una alteración de las mucosas y un aumento en la susceptibilidad a las infecciones. Es necesaria para la visión nocturna. Su deficiencia puede incluso provocar ceguera. Puede obtenerse a través de los carotenos y especialmente del betacaroteno, que se encuentra en muchos alimentos vegetales de color naranja, rojizo o amarillo, especialmente la zanahoria, la verdolaga (Portulaca oleracea L.), las espinacas (Spinacia oleracea L); la zanahoria (Daucus carota L), el berro (Nasturtium officinale R. BR), la borraja (Borago officinalis L.), la albahaca (Ocimum basilicum L.), la calabaza (Cucurbita pepo L.), el tomate (Lycopersicon esculentum MILLER), el coriandro (Cohandrum sativum L.), el espárragos (Asparagus officinalis L.), el diente de león (Taraxacum officinale Weber).
Vitamina C: Necesaria para la absorción de la vitamina A y E. Su deficiencia provoca una debilidad en los capilares. Además de sus propiedades antioxidantes, es igualmente importante esta vitamina para la adecuada absorción del hierro, del calcio o de otros aminoácidos. De igual manera ayuda en la curación de las heridas. Su deficiencia provoca una debilidad general en el organismo, manifestada en síntomas como cabello frágil, encías que sangran, heridas que no cicatrizan, pérdida del apetito, etc. Entre las principales alimentos ricos en esta vitamina tenemos los pimientos, siendo una de las plantas del mundo que posee más cantidad, después de la acerola (Malpighia glabra L) o del escaramujo (Rosa canina). También son muy ricos los cítricos (naranjas, limones, pomelos, etc.). La vitamina C posee una importante capacidad para aumentar las funciones del sistema inmunológico ya que favorece la producción de interferón, un factor celular que interfiere en la capacidad de los virus para infectar las células. También participa en la formación de colágeno, un componente esencial de las membranas celulares, por lo que contribuye al mantenimiento de las barreras naturales contra las infecciones. Además, el déficit de vitamina C hace que las células encargadas de la destrucción de microorganismos no puedan dirigirse hacia ellos para destruirlos.
La vitamina E: también posee la capacidad de potenciar las defensas del organismo, de hecho varios estudios afirman que en humanos la repuesta del sistema inmunológico aumenta tras la administración de vitamina E.

PLANTAS PARA AUMENTAR LAS DEFENSAS
Existen plantas con propiedades muy interesantes de las que nos podemos aprovechar como por ejemplo la Equinacea, el espino albar, las hojas de grosello, el tomillo, el escaramujo, la alfalfa o la genciana, ya que ayudan a reforzar la inmunidad. Con ellas se pueden elaborar sabrosas y reconfortantes infusiones. Además de la alimentación, el uso de una fitoterapia adecuada con plantas medicinales que incrementan la inmunidad nos ayuda a fortalecer nuestras defensas y no sucumbir tan fácilmente ante las enfermedades (Enfermedades bacterianas propias de invierno, como resfriado, faringitis, bronquitis, etc. y otras enfermedades contagiosas de cualquier época del año.) Entre las principales plantas adecuadas para fortalecer el sistema inmune tenemos:
Uña de gato: (Uncaria tomentosa) La principal virtud de esta planta es su capacidad para aumentar las defensas. El mayor responsable es el alcaloide isopteropodina junto con otros alcaloides oxindole (isomitrafilina, mitrafilina, allepteropodina) y el ácido clorogénico. Lo que hacen estos alcaloides es estimular la capacidad que tienen los glóbulos blancos en destruir los microorganismos o elementos extraños de la corriente sanguínea.
Equinacea: (Echinacea angustifolia L., Echinacea purpurea Moench, Echinacea pallida). La principal virtud de la Equinacea radica en sus propiedades antimicrobianas en contra de bacterias, hongos y virus que la configuran como una auténtica alternativa a los antibióticos químicos. Esta planta se considera uno de los mejores antibióticos naturales. La razón de esta propiedad se debe a su capacidad para estimular el sistema inmunitario, produciendo más glóbulos blancos. La equinacina, el ácido cafeico y el ácido chicórico son los componentes que producen esta estimulación. Igualmente se ha comprobado su poder para estimular la producción de interferón, una proteína que el propio organismo produce para neutralizar los virus.
Regaliz: (Glycyrrhyza glabra L.) Las aplicaciones de la regaliz en uso externo se fundamentan en la capacidad de esta planta para inhibir el crecimiento de los microorganismos, tanto virus como bacterias u hongos.
Espirulina: (Spirulina ssp.) Algunos estudios han demostrado la capacidad de esta alga para estimular la inmunidad, de manera que su uso podría ser adecuado para prevenir ciertas enfermedades en las que las defensas se encuentran comprometidas. De ahí que numerosas investigaciones se están realizando para comprobar si la Espirulina resulta beneficiosa para enfermos de Sida (VIH), ciertas formas de cáncer, intoxicaciones mediante metales pesados, etc.

Dentro de los minerales, el hierro juega un papel importante ya que su deficiencia puede afectar a la proliferación celular y por lo tanto disminuir la respuesta inmune. Por otro lado, una falta de selenio hace que disminuya la actividad bactericida y la respuesta de los anticuerpos frente a ciertos tóxicos. El cobre es un agente antiinflamatorio y antiinfeccioso, si bien en este caso es difícil que tenga lugar una deficiencia ya que el cobre se encuentra ampliamente distribuido en diferentes alimentos y el cuerpo lo necesita en cantidades muy bajas.
Estas vitaminas y minerales se encuentran en gran variedad de alimentos, si bien los ricos por excelencia en estos micronutrientes son las frutas, las verduras y las hortalizas. Entre las frutas se encuentran algunas tan conocidas y consumidas como la piña, el melón, las fresas o las naranjas, y otras tan exóticas y originales como el mango, el caqui o la guayaba. Dentro del grupo de verduras y hortalizas destacan el pimiento, el tomate, las verduras de la familia de la col, la zanahoria y las verduras de hoja verde en general, por lo que las ensaladas y platos de verduras variadas pueden resultar una fuente inigualable de vitaminas y minerales.
Existen además otros alimentos que también pueden contribuir al mantenimiento de las funciones inmunitarias como es el caso de los cereales de grano entero, los frutos secos o el aceite de oliva, rico en vitamina E, así como las legumbres, buena fuente de algunos minerales como el zinc.
No obstante, existen otros muchos factores que influyen sobre el estado de nuestras defensas y que conviene tener en cuenta. Algunos de ellos como la falta de descanso o el estrés, suponen uno de los principales enemigos del sistema inmunitario. Además apenas existe tiempo para hacer un poco de ejercicio, y por el contrario el consumo de sustancias tóxicas como el tabaco o el alcohol van en aumento, por lo que las defensas se ven afectadas de forma negativa.