El poder y la hermosura de la menopausia

En todas las formas de la naturaleza podemos observar que la madurez es un periodo de dulcificación, de apertura,  de cuando algo “está listo” para comerse, disfrutarse o mostrar su belleza.  Cuando las flores maduran se abren, y las frutas se dulcifican para comerse, y los árboles dan frutos y nidos.

En todas las formas de la naturaleza, la madurez es el momento de realización. Pero algo parece haber cambiado la hermosura de este patrón en algunas mujeres, pues a pesar de ser ellas parte de la exótica y misteriosa natura, la menopausia, una de sus etapas asociadas con la madurez, se relaciona con un momento poco gustoso, lleno de síntomas nada agradables y achaques de todo tipo, con emociones nada placenteras como la ansiedad, el nerviosismo, etc., y además con una serie de cambios físicos nada atractivos.

¿Qué es lo que hace tan poco atractivo, molesto y/o resignable esta etapa en muchas mujeres?

El juicio y los prejuicios.

Una fruta, por ejemplo, no emite juicios de ninguna de sus etapas, una fruta simplemente se muestra y dulcifica por su proceso natural sin juzgar lo que le sucede.

Una fruta no tiene idea de que significa hacerse, por ejemplo, pruebas de laboratorio y chequeos constantes, no sabe que es la ansiedad, ni la angustia y menos sabe del insomnio. ¿Se ha visto alguna vez perder el sueño a una manzana porque está en la “menopausia”?

La mente del ser humano se ha encargado de convertir las bellezas naturales de la vida en problemas, en cosas mecánicas, cansadas, poco disfrutables y muchas veces costosas y difíciles. La misma medicina se encarga de tratar al cuerpo como un conjunto de síntomas que encajonar en resultados triviales convirtiendo la vida del cuerpo en algo muy predecible y poco fascinante y misterioso. 

Las manzanas, por ejemplo, no tienen ni periodo ni una mente (o cerebro)  para creerse lo que dicen por ahí, ni pueden hacer grupos para estudiar “sus comportamientos” o sus cuerpos, ni se ponen a meditar  lo que “está mal o bien” en ellas. Tampoco ven ni se creen cosas acerca de que en ciertas etapas el gozo "se ve disminuido". Esto quizá podría ser el secreto de la felicidad que se esconde en su naturaleza, no tener que pensar ni compararse ni tener que lidiar con mucha información ni con conclusiones de "otras mentes", ni con lo que dicen ni opinan los demás puede ser el secreto de la felicidad de las manzanas. La alegría de una manzana radicaría en que no tiene, digamos, mente.

Y sin embargo, al ser humano se le ha dado una mente con la cual se supone puede no solo registrar y almacenar información, sino puede decidir sobre esta información e incluso puede acomodarla e irla engrandeciendo para después utilizarla para crear realidades y experiencias más grandiosas. Tener una mente es una de los dones y regalos más asombrosos con la que la naturaleza a privilegiado al ser humano, pues le ha dado la herramienta creativa más poderosa y misteriosa de todas.

Así pues, una manzana quizá sea muy feliz por no tener mente. Y sin embargo, una mujer tiene el potencial de ser infinitamente más feliz que una manzana porque tiene una mente con la cual puede darse las alegrías y experiencias que así lo desee. 

El problema de tener una mente, sobre todo en estos tiempos tan turbulentos y llenos de información y conclusiones médicas por todos lados, es que en lugar de utilizar esta poderosa y maravillosa herramienta creativa llamada mente para crear realidades más grandiosas, la mayor parte de las veces se usa tan solo como un cajón para almacenar información y conclusiones de los demás, para dejar caer en ella modos de ver, recuerdos lo que piensa este y aquello, y admitir las realidades del vecino como si fueran de uno también.

Así pues, de la menopausia se dice que es un momento en la vida de la mujer en donde ha de padecer ciertas cosas y vivir otras tantas debido a que el periodo o regla ha dejado de suceder en sus vidas, y la medicina se encarga de hacer largas listas de cómo tratar la ansiedad, la tensión, el insomnio, la falta de apetito sexual, los cambios bruscos de temperamento, etc., y luego llega la mujer y lee todo lo que le pasa a las mujeres en esta etapa, y espera y exige ser informada, se empieza a predisponer y preocupar, a buscar remedios y soluciones, a hacer chequeos y demás. Lo mismo pasa, por ejemplo, en la adolescencia, cuando se dice que “los jóvenes se harán rebeldes, insoportables y que es “una época difícil”.

¿No somos nosotros quienes estamos admitiendo y alimentando que estas épocas “sean difíciles”?

Si bien tanto en la adolescencia como la menopausia ocurren cambios, quizá quien los hace difíciles es la forma en como estamos abordando estos momentos.

Hay tantos prejuicios por todos lados  que las hermosuras y misterios del cuerpo quedan sepultadas bajo todos estos conceptos que la sociedad crea, nos falta comprender y hacer consciencia de que nosotros estamos creando nuestras realidades cada vez que admitimos que algo es “difícil, molesto, malo, etc.”, se nos olvida muy a menudo que la mente puede propiciar no solo realidades más grandiosas sino cuerpos bellos, fuertes y alegres en todas sus etapas.

Si bien el cuerpo de la mujer sufre cambios en esta etapa, quizá la mujer debería dejar de preocuparse por “lo que va a padecer o perder” y poner más atención en lo que va a ganar y empezar, poner menos atención en que alguien o algo "le resuelva la vida y sus dolores" y más atención en lo que la hace realmente feliz, y activar su imaginación y sensibilidad al máximo mediante el inicio de nuevas cosas, desarrollar más su voluntad creativa atreviéndose a crear y aprender nuevas cosas, quererse y apreciarse su cuerpo y su mente iniciando hábito más saludables y dignos tanto alimenticios como de vida, de manera que su creatividad pueda funcionar en su máximo potencial, y pueda su mente y corazón empezar a florecer y mostrar las hermosuras que no se ha atrevido a mostrar. 

La felicidad y el gozo sincero crean sustancias en el cerebro que las farmacias venden a costos elevados, los ansiolíticos y medicamentos para dormir, sentirse mejor, evitar achaques, dolores, angustias y demás,  se pueden evitar con un espíritu alegre, creativo y sencillo. Si una mujer se olvidara más “de sus etapas” y se concentra más en conocerse y amarse, entonces quizá sus dolores se convertirían en flores para regalar a los demás.  

Este artículo ha sido publicado el viernes 11 febrero, 2011 por K.L.Garcés

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