Introducción a la meditación con velas


La limpieza constante del hogar y del cuerpo es necesaria para conservar la salud y el bienestar. De ese mismo modo, debemos habituarnos a limpiar nuestra mente, nuestras emociones y nuestro espíritu. Sin ello, no podremos hablar de salud, aunque nuestro cuerpo esté en perfectas condiciones.

Algunas de esas formas para limpiar nuestro interior son el temazcal, el yoga, la meditación, y en este caso, la meditación  con velas.

Meditar es una limpieza consciente de nuestro ser. Es hacernos conscientes de quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, y por tanto, conocer nuestra misión en la vida.

Ir hacia nuestros orígenes y raíces nos permite conocer de dónde nos hemos alimentado para ser quienes somos.

Saber quiénes somos nos permite conocer nuestros poderes como seres humanos creadores, y así saber cuáles son nuestras posibilidades.

Saber hacia dónde vamos nos da la confianza en nosotros mismos y en nuestro camino. Nos hace tomar desiciones firmes y claras.

Todo ello nos dará una mente limpia, un espíritu sano, un ser fuerte. Meditar es sacar la basura que nos impide continuar en armonía nuestro camino.

Y meditar con velas es otra cosa. La flama de una vela, así como representa el fuego, representa nuestro ser interno.

Cuando la flama está destellando reverberante, nos remite a la actividad del ser. Y cuando está tranquila y alargada, serena nuestro espíritu.

El agua es limpieza, pero el fuego purifica. Quema el pabilo, la cera, pero también quema nuestros malos pensamientos, nuestras debilidades, nuestro estrés, y calma así nuestro ser, al mismo tiempo que lo llena de fuerza.

Pero la flama también es luz. Luz que ilumina el entorno, el camino, la mente. Aleja la ignorancia y lo llena todo de comprensión y conciencia.

Vamos a realizar nuestra primera meditación.

Vamos a vestirnos con ropa cómoda y colocarnos en un área tranquila y con privacidad. Es importante que esté limpia, pues la vela iluminará el entorno, y se reflejará dentro de nosotros.

Todo nuestro entorno deberá ser acorde a lo que buscamos: si buscamos tranquilidad y paz, el entorno será pacífico, con música de paz. Si buscamos salud, podemos estar rodeados de plantas y agua pura, quizás una pequeña fuente. Si buscamos conciencia, el entorno deberá ser variado, pero ordenado, para despertar la imaginación y el análisis.

Es un momento privado, en contacto con nosotros mismos. Podemos estar acompañados de nuestra pareja o alguna amistad, siempre y cuando tengamos el mismo propósito de meditar y no distraernos.

Importante evitar interrupciones, pero si suceden, conservar la paz y la conciencia ganadas y no permitir que se rompan, aún cuando tengamos qué realizar una  tarea imprevista.

Sabiendo todo esto, comencemos. Vamos a sentarnos en una postura cómoda, pero con la espalda recta. Incluso nuestra postura tiene qué ser limpia, la que sea, pero que transmita limpieza e impecabilidad.

Podemos sostener la vela en nuestras manos, pero de preferencia la colocaremos sobre una pequeña mesa, frente a nosotros, si es posible, a la altura de los ojos.

Vamos a mirar la flama, permitiendo que nuestra mente suelte los pensamientos, y ninguna idea se aferrará a la mente, sino que, ante la visión de la flama, cada idea fluye y se va, para dar paso a nuevas ideas.

Si una idea se aferra a la mente, nos preguntamos qué nos está diciendo, y la dejamos ir. Vamos tomando conciencia de cuáles son las ideas que más se aferran a la mente, y también de ideas nuevas que nunca habíamos tenido.

Seguiremos “conversando” con la flama, mínimo 10 minutos, permitiendo que su luz ilumine nuestra mente.

Con la práctica, podremos conversar con la flama media hora, una hora e incluso más.

Espero nos escribas compartiendo tus experiencias.

Prof. Juan Fonseca (Nahuehekame Xiuhketzal)
Guardián de Temazcal