Adormidera (papaver somniferum) planta del opio

El opio es conocido desde tiempos muy antiguos probablemente en Egipto y Sumeria. Ya Teofrasto (filósofo de la antigua Grecia cuyo nombre le fue dado por Aristóteles y que significa “el que habla por los dioses”) le llamaba “El Meconio” y tanto él como otros médicos griegos de los siglos IV y III antes de Cristo preparaban triacas o tisanas con distintos contenidos de opio y el mismo Hipócrates reconoció los beneficios y promovió su uso como narcótico y su empleo en el tratamiento de enfermedades de mujeres y en epidemias.
También fue usado desde la antigüedad como fuente de vicio y adicción en los famosos fumaderos de opio que ya se conocían en el siglo primero de nuestra era en Roma y en los países o territorios árabes y se supone que desde el Medio Oriente fue introducido en China en donde tuvo la mayor difusión y uso tanto medicinal como para fumar o tomar en infusión como droga de adicción, enervante, estupefaciente y somnífera.
Se le atribuye a Paracelso haber popularizado el empleo del opio en Europa, ya que había caído en desuso debido a su toxicidad y parece ser este excelso médico el que logró alguna purificación de la materia prima para utilizarlo en forma de elixir (algo parecido a lo que conocemos como láudano, paregórico o tintura de opio alcanforado).