Censuran una conferencia de Teresa Forcades sobre la vacuna del papiloma

La organización del XVII Congreso Internacional de Investigación en Cuidados que se celebrará los próximos días 12-15 de noviembre en Lérida (Cataluña), ha cedido a las presiones de varias sociedades científicas y ha censurado la intervención de Teresa Forcades, monja, médico especializada en salud Pública y activista social. Forcades iba a abrir el congreso con una ponencia sobre la vacuna del papiloma.

La doctora lo explica en un comunicado que ha publicado en su facebook:

"El motivo aducido es que el anuncio de mi intervención ha generado alarma social y que se quiere evitar la controversia".

Lo cierto es que tres de las denominadas “sociedades científicas”, la Asociación Española de Vacunología (AEV), el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (SEMPSPH) han presionado por carta tanto ante el Ministerio de Sanidad como ante el comité organizador del congreso para que una voz documentada y crítica con la aplicación de la vacuna del papiloma como la de Forcades no estuviese en dicho foro.


El viernes escribí este post titulado La Asociación de Vacunología y los fundamentalistas de la ciencia industrial en el que recojo unas declaraciones recientes de José María Bayas, presidente de la AEV. Dice que hay que poner coto a la impunidad “desinformativa” de los profesionales sanitarios que están manifestándose en contra de la aplicación de algunas vacunas, como la de la gripe o la del papiloma. Me preguntaba yo si eso iba por, entre otras personas, Teresa Forcades.

Es evidente que existe una policía del pensamiento encargada de defender los dogmas del cientificismo sanitario y de atacar a quien los critique.

El cientificismo o cientifismo, como escribe en su libro El autoritarismo científico el médico y científico Javier Peteiro, es una aberración ética que facilita un fascismo de nuevo cuño.

La buena Ciencia exige la controversia pero esas sociedades científicas se convierten en industriales cuando intentan imponer la ciencia que le interesa a los fabricantes de vacunas.

La del papiloma se ofrece en dos marcas, Gardasil, producida por la entente Sanofi Pasteur Merck, Sharp and Dohme (MSD) y Cervarix, del laboratorio GlaxoSmithKline (GSK).

La AEV cuenta en su web que tiene como patrocinadores “Platino” a estos dos laboratorios. El Comité Asesor de Vacunas de la AEP tiene numerosos conflictos de intereses. Un ejemplo. David Moreno, coordinador del mismo, ha colaborado en actividades docentes subvencionadas por GlaxoSmithKline y Sanofi Pasteur MSD. La SEMPSPH reconoce públicamente la “colaboración institucional” de GlaxoSmithKline.

Algunas observaciones:

-La censura atenta contra derechos fundamentales como el de la información y la libertad de expresión, normas arraigadas en los países democráticos.

-El acto de censura no consigue otra cosa que llamar más la atención sobre la vacuna

-Demuestra el miedo que tiene el fundamentalismo cientificista a perder status si avanza la crítica a las vacunaciones hechas estas de manera masiva y sistemática, como ahora se hace, no de manera personalizada, como sería más adecuado.

-La censura, además de explicar la cobardía de quien la ejecuta, muestras sus carencias argumentales y la falta de confianza en en sí mismo.

-Desde que se produjo la falsa pandemia de gripe (2009-2010), ha crecido la desconfianza en los laboratorios farmacéuticos y en las instituciones que cuidan sus intereses por encima de los de la ciudadanía. Eso quizá expliqué el porqué del aumento de la represión sobre los críticos con todo lo que está sucediendo.

"La duda que podemos tener en si un acto de censura como este lo dictan los patrocinadores o los patrocinados ejecutan solitos sin que haga falta que nadie les mande".